Fuimos hechos del amor.
Sobre oleadas de pasión saltó la chispa de nuestro espíritu y descendimos en nuestras madres... mater... materia...

El tirón del amor llamándonos desde las profundidades de la tierra.
Padre penetró hondo en la madre, hacia la caverna del útero nos abrimos paso, la matriz caliente y oscura de la tierra y del agua.
La matriz del amor: protegida, oscura, acunada, inmóvil.
Allí crecemos.
En medio de las tinieblas sólo un ruido se oía: ruido de vida, ruido de amor, ruido del corazón, latiendo..., latiendo..., latiendo...
Escúchalo ahora en tu propio corazón. Su cadencia impulsa la vida y el aire y el aliento por todo tu ser, te renueva, te ensanchas en aire, en espacio, en hálito vital.
Sientelo ahora en tu centro, abárcalo entre tus manos.
Nota cómo anhela, cómo llora, ama, espera,...
Sientelo dentro de ti. Tiene tu misma edad, contigo siempre desde aquellos días, en el cobijo del útero. Cuanto tiempo.
Siempre latiendo,
Siempre latiendo,
Siempre latiendo,
Siempre latiendo.
¿Amas tu a ese corazón?
Respira hondo, empápate de aire, todo es suavidad, profundidad y sabiduría.
Mientras respiras el espíritu entra en tu corazón y te conmueve..., te exalta..., te cambia.
Cada aliento que va y viene se impregna de espíritu.
Da gracias por ese vaso que te sacia.
Más celebres ahora sobre oleadas de fuego, saltamos llenos de júbilo hasta los cielos, por encima de la tierra, por encima del agua y más allá del fuego, hacia el aire.

Despegamos y extendemos nuestras alas y volamos, libres cabalgamos sobre los vientos.Pero en seguida nos perdemos y exclamamos ¿dónde está el corazón?, ¿dónde está el corazón?, ¿dónde esta mí hogar?
Escuchamos el latido y volamos bajo hacia su sonido. Descendemos buscando la tierra, cada vez más despacio.
Nos inmovilizamos para escuchar el sonido del silencio.
A tientas buscamos, porque el corazón es tierno.
Con suavidad tocamos, porque el corazón es asustadizo.
Abrimos las manos al amor interior que une, que toca, que sana.
Ofrece ese amor ahora. Suplica entrar en tu propio corazón.
Escucha y oye dentro de ti este sonido silencioso: Anahata, Anahata, Anahata, Anahata.
Escucha bien y respira al compas del sonido.
El hálito, el viento de la curación.
inhala..., exhala..., inhala..., exhala..., inhala..., exhala...,
Inhala lo que es nuevo, exhala lo antiguo y así cada aliento te renueva.
Cada aliento un viento dentro de ti y alrededor de ti, céfiro suave, tormenta de vida, viento del cambio.
¿Porque llora tu corazón? ¿Porque suspira? ¿En dónde halla su paz? Libera sus esperanzas y sus sueños para que vuelen con las alas del cambio y luego retornen en alas del amor, con una plenitud que nunca te atreviste a soñar.
No estás a solas. Tus exclamaciones hallan eco en mil corazones como el tuyo.
Si escuchas, oirás como laten, laten, laten, laten.
En el interior de cada persona hallarás el corazón.
En todas partes alrededor de ti hallaras el corazón.
En lo más hondo de ti mismo hallarás el corazón.
Cada vez que tocamos, tocamos el corazón.
Dentro de cada uno está el amor esperando la dulce revelación.

Deja que ese amor vuele sobre las alas del aliento y vaya más allá.
Toca los corazones de aquellos a quienes amas; y escucha el aliento que silba y se inhala..., y
exhala..., inhala..., y exhala...
Como tú, ellos ríen y lloran y juegan en el ritmo incesante de todos los días.
Siente tu corazón tan semejante al tuyo: que espera, que sana, que respira, que siente.
Que no se oiga ningún ruido violento, unidos en amor y cariño, entra en la rueda del amor que une la Tierra con los mundos de arriba y unos a otros nos auna.
Todos, hermanos y hermanas, en nuestro corazón hallamos la semilla de la paz, esperando la dulce revelación.
Sobre las alas del cambio van volando mientras en lo profundo del corazón exclamamos: Anahata, Anahata, Anahata, Anahata.
El sonido del amor.
Extracto de La Nueva Guía de los Chakras de Anadea Judith