Cuida de mis labios, cuida de mi risa, llevame en tus brazos, llévame sin prisa... No maltrates nunca mi fragilidad... Yo seré la imagen de tu espejo...
Cuida de mis sueños, cuida de mi vida, cuida a quien te quiere, cuida a quien te cuida... no maltrates nunca mi fragilidad, yo seré el abrazo que te alivia...
Cuida de mis ojos, cuida de mi cara, abre los caminos, dame las palabras, no maltrates nunca mi fragilidad, soy la fortaleza de mañana...
Hermosa canción... deseo la disfruten tanto como yo.
Para florecer hay que pasar por todos los estados, transitar las cuatro estaciones. Espacio para hacernos de herramientas y recursos que nos ayuden a centrarnos y reconectar con nosotros mismos. Para vivir nuestra vida con plenitud, realizando nuestros deseos, en armonía con el entorno y el medio ambiente.
viernes, 31 de agosto de 2012
Cuídame - Pedro Guerra y Jorge Drexler
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El Poder de los Sueños, A.Lerner y S.Pastorutti
Hay una luz, dentro de ti, a donde estan los sueños que van a venir...
Hay una luz que no se ve, brilla desde adentro desde la niñez, hay una luz en algun lugar, allí donde mis sueños se hacen realidad.
Más alla del sol, más alla del mar, mas alla del tiempo se que hay un lugar, donde quiero ir, donde quiero estar, hoy la fantasía se hace realidad...
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jueves, 23 de agosto de 2012
El temido enemigo de Jorge Bucay
Había una vez, en un
reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba sentirse poderoso. Su
deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo, él, necesitaba además, que
todos lo admiraran por ser poderoso, así como la madrastra de Blanca Nieves no
le alcanzaba con verse bella, también él necesitaba mirarse en un espejo que le
dijera lo poderoso que era.
Quizás porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba, el rey no era justo, ni ecuánime, y mucho menos bondadoso.
Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan:
- ¿Es cierto que puedes leer el futuro?
- Un poco – dijo el mago.
- ¿Y puedes leer tu propio futuro, preguntó el rey?
- Un poco – dijo el mago.
- Entonces quiero que me des una prueba - dijo el rey -
¿Qué día morirás?. ¿ Cuál es la fecha de tu muerte?
El mago se sonrió, lo miró a los ojos y no contestó.
- ¿Qué pasa mago? - dijo el rey sonriente -¿No lo sabes?... ¿no es cierto que puedes ver el futuro?
- No es eso - dijo el mago - pero lo que sé, no me animo a decírtelo.
- ¿Cómo que no te animas?- dijo el rey-... Yo soy tu soberano y te ordeno que me lo digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para el reino, saber cuando perdemos a sus personajes más eminentes... Contéstame pues, ¿cuándo morirá el mago del reino?
Luego de un tenso silencio, el mago lo miró y dijo:
- No puedo precisarte la fecha, pero sé que el mago morirá exactamente un día antes que el rey...
Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un murmullo corrió por entre los invitados.
El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en las adivinaciones, pero lo cierto es que no se animó a matar al mago.
Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio...
Los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Se dio cuenta de que se había equivocado. Su odio había sido el peor consejero.
Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones...
El mago era astuto, había dado la única respuesta que evitaría su muerte.
¿Habría leído su mente?
La predicción no podía ser cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?... Estaba aturdido
Se le ocurrió que sería trágico que le pasara algo al mago camino a su casa. El rey volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta:
- Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta noche en el palacio pues debo consultarte por la mañana sobre algunas decisiones reales.
- ¡ Majestad!. Será un gran honor... – dijo el invitado con una reverencia.
Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado.
Él nunca en su vida había pensado en consultar ninguna de sus decisiones, pero esta vez, en cuánto el mago lo recibió, hizo la pregunta... necesitaba una excusa.
Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa.
Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva consulta al día siguiente.
No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de las decisiones.
Pasaron los meses y luego los años. Y como siempre... estar cerca del que sabe vuelve el que no sabe, más sabio.
Así fue: el rey poco a poco se fue volviendo más y más justo.
Ya no era despótico ni autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso, y seguramente por ello dejó de necesitar demostrar su poder.
Empezó a aprender que la humildad también podía ser ventajosa empezó a reinar de una manera más sabia y bondadosa. Y sucedió que su pueblo empezó a quererlo, como nunca lo había querido antes.
El rey tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y apenas entró le dijo:
- Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte y frente a cualquier cosa que me dijeras, porque quería que tu muerte inesperada desmitificara para siempre tu fama de adivino. Te odiaba porque todos te amaban... Estoy tan avergonzado...
- Aquella noche no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que amigos, hermanos, me aterra pensar lo que hubiera perdido si lo hubiese hecho.
Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote mi infamia.
Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies, pero sin ocultamientos.
El mago lo miró y le dijo:
El rey se enteró de la mala noticia a la mañana siguiente... y se sintió desolado.
No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia en el mundo.
Estaba triste, simplemente por la muerte de su amigo.
Cuentan que el rey se levantó y que con sus propias manos cavó en el jardín, bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago.
Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado del montículo de tierra, llorando como se llora ante la pérdida de los seres queridos.
Y recién entrada la noche, el rey volvió a su habitación.
Él no tenía espejos mágicos,
pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes
preguntarle si él, era el más poderoso del reino.
Invariablemente todos
le decían lo mismo:
-Alteza, eres muy
poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee: Él, él
conoce el futuro.
(En aquel tiempo,
alquimistas, filósofos, pensadores, religiosos y místicos eran llamados, genéricamente
“magos”).
El rey estaba muy
celoso del mago del reino pues aquel no sólo tenía fama de ser un hombre muy
bueno y generoso, sino que además, el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y
festejaba que él existiera y viviera allí.
No decían lo mismo
del rey. Quizás porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba, el rey no era justo, ni ecuánime, y mucho menos bondadoso.
Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan:
Organizaría una gran
fiesta a la cual invitaría al mago y después la cena, pediría la atención de
todos. Llamaría al mago al centro del salón y delante de los cortesanos, le
preguntaría si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado, tendría dos
posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o
decir que sí, confirmando el motivo de su fama. El rey estaba seguro de que
escogería la segunda posibilidad. Entonces, le pediría que le dijera la fecha
en la que el mago del reino iba a morir. Éste daría una respuesta, un día
cualquiera, no importaba cuál. En ese mismo momento, planeaba el rey, sacar su
espada y matarlo. Conseguiría con esto dos cosas de un solo golpe: la primera,
deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el mago no había
podido adelantarse al futuro, y que se había equivocado en su predicción. Se
acabaría, en una sola noche. El mago y el mito de sus poderes...
Los preparativos se
iniciaron enseguida, y muy pronto el día del festejo llegó...
...Después de la gran
cena. El rey hizo pasar al mago al centro y ante le silencio de todos le
preguntó: - ¿Es cierto que puedes leer el futuro?
- Un poco – dijo el mago.
- ¿Y puedes leer tu propio futuro, preguntó el rey?
- Un poco – dijo el mago.
- Entonces quiero que me des una prueba - dijo el rey -
¿Qué día morirás?. ¿ Cuál es la fecha de tu muerte?
El mago se sonrió, lo miró a los ojos y no contestó.
- ¿Qué pasa mago? - dijo el rey sonriente -¿No lo sabes?... ¿no es cierto que puedes ver el futuro?
- No es eso - dijo el mago - pero lo que sé, no me animo a decírtelo.
- ¿Cómo que no te animas?- dijo el rey-... Yo soy tu soberano y te ordeno que me lo digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para el reino, saber cuando perdemos a sus personajes más eminentes... Contéstame pues, ¿cuándo morirá el mago del reino?
Luego de un tenso silencio, el mago lo miró y dijo:
- No puedo precisarte la fecha, pero sé que el mago morirá exactamente un día antes que el rey...
Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un murmullo corrió por entre los invitados.
El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en las adivinaciones, pero lo cierto es que no se animó a matar al mago.
Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio...
Los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Se dio cuenta de que se había equivocado. Su odio había sido el peor consejero.
- Alteza, te has
puesto pálido. ¿Qué te sucede? – preguntó el invitado.
- Me siento mal - contestó el monarca – voy a ir a mi cuarto,
te agradezco que hayas venido. Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones...
El mago era astuto, había dado la única respuesta que evitaría su muerte.
¿Habría leído su mente?
La predicción no podía ser cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?... Estaba aturdido
Se le ocurrió que sería trágico que le pasara algo al mago camino a su casa. El rey volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta:
- Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta noche en el palacio pues debo consultarte por la mañana sobre algunas decisiones reales.
- ¡ Majestad!. Será un gran honor... – dijo el invitado con una reverencia.
El rey dio órdenes a
sus guardias personales para que acompañaran al mago hasta las habitaciones de
huéspedes en el palacio y para que custodiasen
su puerta asegurándose de que nada pasara...
Esa noche el soberano
no pudo conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto pensando qué pasaría si el mago
le hubiera caído mal la comida, o si se hubiera hecho daño accidentalmente
durante la noche, o si, simplemente, le hubiera llegado su hora. Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado.
Él nunca en su vida había pensado en consultar ninguna de sus decisiones, pero esta vez, en cuánto el mago lo recibió, hizo la pregunta... necesitaba una excusa.
Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa.
El rey, casi sin
escuchar la respuesta alabó a su huésped por su inteligencia y le pidió que se
quedara un día más, supuestamente, para “consultarle” otro asunto...
(obviamente, el rey sólo quería asegurarse de que nada le pasara).
El mago – que gozaba
de la libertad que sólo conquistan los iluminados – aceptó... Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva consulta al día siguiente.
No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de las decisiones.
Pasaron los meses y luego los años. Y como siempre... estar cerca del que sabe vuelve el que no sabe, más sabio.
Así fue: el rey poco a poco se fue volviendo más y más justo.
Ya no era despótico ni autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso, y seguramente por ello dejó de necesitar demostrar su poder.
Empezó a aprender que la humildad también podía ser ventajosa empezó a reinar de una manera más sabia y bondadosa. Y sucedió que su pueblo empezó a quererlo, como nunca lo había querido antes.
El rey ya no iba a
ver al mago investigando por su salud, iba realmente para aprender, para
compartir una decisión o simplemente para charlar, porque el rey y el mago habían
llegado a ser excelentes amigos.
Un día, a más de
cuatro años de aquella cena, y sin motivo, el rey recordó.
Recordó aquel plan,
aquel plan que alguna vez urdió para matar a este su entonces más odiado
enemigo.
Y sé dio cuenta que
no podía seguir manteniendo este secreto sin sentirse un hipócrita. El rey tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y apenas entró le dijo:
- Hermano, tengo algo
que contarte que me oprime el pecho
- Dime – dijo el mago
– y alivia tu corazón. - Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte y frente a cualquier cosa que me dijeras, porque quería que tu muerte inesperada desmitificara para siempre tu fama de adivino. Te odiaba porque todos te amaban... Estoy tan avergonzado...
- Aquella noche no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que amigos, hermanos, me aterra pensar lo que hubiera perdido si lo hubiese hecho.
Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote mi infamia.
Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies, pero sin ocultamientos.
El mago lo miró y le dijo:
- Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo.
Pero de todas maneras, me alegra, me alegra que lo hayas hecho, porque esto es
lo único que me permitirá decirte que ya lo sabía. Cuando me hiciste la pregunta y bajaste tu
mano sobre el puño de tu espada, fue tan clara tu intención, que no hacía falta
adivino para darse cuenta de lo que pensabas hacer, - el mago sonrió y puso su
mano en el hombro del rey. – Como justo pago a tu sinceridad, debo decirte que
yo también te mentí... Te confieso hoy
que inventé esa absurda historia de mi muerte antes de la tuya para
darte una lección. Una lección que recién hoy estás en condiciones de
aprender, quizás la más importante cosa
que yo te haya enseñado nunca.
Vamos por el mundo
odiando y rechazando aspectos de los otros y hasta de nosotros mismos que
creemos despreciables, amenazantes o inútiles... y sin embargo, si nos damos
tiempo, terminaremos dándonos cuenta de lo mucho que nos costaría vivir sin
aquellas cosas que en un momento rechazamos.
Tu muerte, querido
amigo, llegará justo, justo el día de tu muerte, y ni un minuto antes. Es
importante que sepas que yo estoy viejo, y que mi día seguramente se acerca. No
hay ninguna razón para pensar que tu partida deba estar atada a la mía. Son
nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras muertes.
El rey y el mago se
abrazaron y festejaron brindando por la confianza que cada uno sentí en esta
relación que habían sabido construir juntos...
Cuenta la leyenda...
que misteriosamente... esa misma noche... el mago... murió durante el sueño.
El rey se enteró de la mala noticia a la mañana siguiente... y se sintió desolado.
No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia en el mundo.
Estaba triste, simplemente por la muerte de su amigo.
¿Qué coincidencia
extraña había hecho que el rey pudiera contarle esto al mago justo la noche
anterior a su muerte?.
Tal vez, tal vez de
alguna manera desconocida el mago había hecho que él pudiera decirle esto para
quitarle su fantasía de morirse un día después.
Un último acto de
amor para librarlo de sus temores de otros tiempos... Cuentan que el rey se levantó y que con sus propias manos cavó en el jardín, bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago.
Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado del montículo de tierra, llorando como se llora ante la pérdida de los seres queridos.
Y recién entrada la noche, el rey volvió a su habitación.
Cuenta la leyenda...
que esa misma noche... veinticuatro horas después de la muerte del mago, el
rey murió en su lecho mientras dormía...
quizás de casualidad... quizás de dolor... quizás para confirmar la última enseñanza
del maestro.
Jorge Bucay - 26 Cuentos para pensar
Jorge Bucay - 26 Cuentos para pensar
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domingo, 19 de agosto de 2012
Sueños de semilla de Jorge Bucay
En el silencio de mi
reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna
manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.
Y así crecemos, nos
desarrollamos, evolucionamos... Y un día,
mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de
nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como
alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y
nuestro futuro.
Jorge Bucay - 26 Cuentos para pensar
...Y veo en sus entrañas
el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de
desarrollo.
En su pequeñez, cada
semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo
transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la
alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de
frutos, para poder dar lo que tienen que dar.
Cada semilla sabe cómo
llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos.
Dentro de nosotros,
innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz,
morir como semillas... para convertirse en árboles.
Árboles magníficos y
orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz
interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.
Ellos, los sueños,
indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada
momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los
placeres, en los triunfos y en los fracasos. Lo soñado nos enseña, dormidos o
despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.
Nos muestra el rumbo
en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez cegadora.
Y así crecemos, nos
desarrollamos, evolucionamos... Y un día,
mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de
nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como
alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y
nuestro futuro.
Nada hay que
temer,... una sabiduría interior las acompaña... porque cada semilla sabe... cómo llegar a ser árbol...
Jorge Bucay - 26 Cuentos para pensar
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Cuentos poemas y otros
miércoles, 1 de agosto de 2012
A ponerle sal a la vida...
Si no quieres aguantar y te quieres liberar una frase te dire, Solo se vive una vez!
Si no quieres discutir y te quieres divertir escuchame bien, Sólo se vive una vez!! ...
Si te importa el que dirán, y te quieren controlar recuerdalo bien...Sólo se vive una vez!!!
Dale marcha al corazón ... quitate la represión, suelta el pelo y la pasión que caramba... SOLO SE VIVE UNA VEZ!!!
Si te importa el que dirán, y te quieren controlar recuerdalo bien...Sólo se vive una vez!!!
Dale marcha al corazón ... quitate la represión, suelta el pelo y la pasión que caramba... SOLO SE VIVE UNA VEZ!!!
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